Protocolo Social: Las buenas formas.

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Protocolo social

Protocolo Social: Las buenas formas.

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¿Qué ha quedado del uso del por favor, del usted, de dejar pasar, de las gracias, de ceder el asiento… en general, de la cortesía?

Lamentablemente soy de la generación en la que la asignatura escolar de Urbanidad ya se había quitado para el sistema educativo de la E.G.B, pero aún quedaban bastantes resquicios en los colegios.  Supongo que en su momento sería entendido como un corsé donde la libertad estaba constreñida y que esta asignatura sonaba a algo casposo y chapado a la antigua, probablemente identificada con el ideario franquista.

Como dice el refranero, aunque no es santo de mi devoción, “de aquellos polvos, vienen estos lodos”.

Está claro que en la familia es donde se aprende una base educativa, pero las escuelas deben complementarla y, en los casos de familias desestructuradas, introducir unos valores de cordialidad, afabilidad, solidaridad y amabilidad en los niños a los que las circunstancias les hayan cerrado las puertas a este tipo de formación.   Hasta aquí estoy hablando del fondo, pero mi reflexión va fundamentalmente sobre las formas.

Para mí, las formas son tan importantes como el fondo. Unos buenos sentimientos sin una manera correcta y concreta de comunicarlos sirven más bien de poco, mejor dicho, servirían de mucho más si fueran acompañados de unos modales adecuados. Por ejemplo, todos nos compadecemos de un anciano cruzando con un andador la calle, sentimiento hermoso el de la caridad que no sirve de nada si no le ayudamos a cruzar. Si enseñamos esto a nuestros hijos desde pequeños, no sólo como un valor íntimo y humano, sino como un hábito de comportamiento, será interiorizado como algo natural y se convertirá en una práctica  ordinaria.

Todos nos encontramos con personas en nuestros trabajos, yo por el mío con gente mucho más joven, que no tienen el hábito de tratar a las personas más mayores de usted, por poner un ejemplo fácil… en resumidas cuentas, de tener una deferencia hacia ellos y tengo que enseñárselo. Algunas no saben comer, ni comportarse en una mesa, ni las conversaciones que deben omitir, desconocen lo que llamamos “protocolo social” y no estoy hablando del terrorífico “postureo”, sino de unas actitudes y costumbres que hagan la vida más agradable en nuestro entorno. Por no hablar del cuidado personal, donde su ausencia no sólo es una falta de respeto hacia sí mismo, sino sobretodo hacia los demás.

Esta educación es primordial y la olvidamos, sin pensar que es necesaria en la futura vida laboral de esos jóvenes, que se van a encontrar con personas a las que tienen que saber tratar de un determinado modo, acorde a una educación y unas costumbres culturales determinadas y que en muchas ocasiones, por un error en sus modales, ven como sus pretensiones laborales se van al traste.

Yo me he encontrado sorprendida ante algún caso de una persona con un cargo de nivel, vociferando a las puertas de una sala de conferencias y preguntándome a mí misma cómo semejante personaje ocupaba la dirección de determinada institución. Ese comportamiento hace que inmediatamente entres en fase de alerta cada vez que te lo encuentres y que desconfíes de su capacidad personal y  de trabajo. Es así, aunque sea un magnífico especialista en su campo.

A mí me encantaría que volviera a los colegios una nueva urbanidad, adaptada a los tiempos actuales pero que cultive los valores del humanismo potenciados a través de unos modales correctos, educados y corteses, nada reñidos con la libertad y sí de la mano del respeto.

Texto: Ana Carreño

Fotografía: Santo Coronado


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Ana Carreño

Diplomada en Protocolo y RR.PP. Diplomada en Traducción e Interpretación. Dirección de Pasarela de las Artes de Valencia. Dirección Tuganas Eventos y Protocolo. EVAM. Escuela Valenciana de Modelos y Azafatas.

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